¿Qué quieres ser de mayor? Solía ser
la pregunta clave de las conversaciones con los adolescentes, hace no muchos
años. A los clásicos médico, abogado, científico, bombero, policía… de antaño,
que ya están prácticamente extintos; hay que sumar ahora el gran protagonista
de estos tiempos: ‘no lo sé’. Muchos
podrían afirmar que se trata de una duda natural, ante la aparente infinitud de
posibilidades que se abren ante el joven.
Otros, más derrotistas, afirmarían que es la propia juventud la que se
corrompe sin freno, producto de unas vidas demasiado fáciles y de una carencia
total y absoluta de disciplina.
Bueno, quizá sea cierto. Los
chavales de hoy en día no están bajo el yugo de la figura paterna omnipotente,
de la mano dura de una madre poco indulgente, o simplemente amordazados en las
cuentas del rosario de un religioso. Pero, ¿es todo culpa suya? No debemos
olvidar que estos niños no son sino el fruto de esta generación que tanto
echamos en falta; la generación del respeto y la autoridad. Parece que algo no
fue demasiado bien por el camino.
Volviendo al tema que nos atañe-los
jóvenes de hoy, no los de un ayer ya lejano-, quizá deberíamos de ver qué
estamos haciendo con nuestra juventud, con sus esperanzas y sus sueños. Y quizá
deberíamos de preguntarnos que qué va a ser de ellos en un mañana incierto.
La subida de las tasas
universitarias, la no-universalidad de la Seguridad Social, la dificultad para
encontrar empleo, o la criminalización preventiva que sufre todo adolescente
hoy en día, hacen que uno (o una) se replantee muchas cosas. Pero, lejos de
empezar a despotricar contra las medidas de un gobierno que quizá no sabe, o
quizá no quiere; o más bien que quizá
sea un poco de las dos, creo que deberíamos de empezar a plantearnos qué es lo
que tendríamos que hacer “los de a pie” para lograr romper con esa miasma de
pesadumbre.
¿Y qué se puede hacer? Reconocimiento. Apoyo. Motivación. Hay miles
de palabras más que encajan en este artículo, pero esas tres son fundamentales.
Apoyo para superar el presente, reconocimiento para apreciar el pasado, y
motivación para forjar el futuro. Tal y como dijo un señor llamado Albert
Einstein “Toda persona es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad
para escalar un árbol, creerá toda su vida que es un estúpido”.
Quizá nuestros jóvenes puedan
encontrar mañana las soluciones a los problemas que se nos antojan hoy
irresolubles. Pero ese quizá nunca será nada si nos dedicamos a minar un camino
que ya es duro de por sí.

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