lunes, 2 de julio de 2012

Campeones, campeones...

               Sí, campeones. ¿Campeones de qué? ¿De la miseria? ¿Del paro? ¿De la ridiculez y escándalo políticos? En eso desde luego, somos campeones indiscutibles.
               En el congreso están presentando leyes muy importantes en materia de educación e impuestos. Valencia, ardiendo; y una central nuclear amenazada por las llamas. Personas, gente como tú o como yo, quedándose sin casa (porque ya el trabajo está más que asumido que es un privilegio). Y el presidente, de copas, celebrando la victoria de un equipo que no tributa en el país cuya bandera dice defender en el terreno de juego.
               Por no mencionar que a todos nos cuesta salir a la calle para luchar por un futuro digno... O por un futuro a secas, en el mejor de los casos; pero a nadie le importa salir a gritar y pitar a la calle: "Yo soy español, español, español...". Desde luego que sí. Tan español que ni te paras a pensar las aberraciones que está cometiendo el Gobierno, o los desastres que estamos viviendo.
                No es por sonar alarmista, ni trágico. Pero es una auténtica vergüenza que nos permitamos esos lujos. No me malinterpretéis: está bien distraerse. No solo de pan vive el ser humano, como quien dice; pero una cosa es distraerse... Y otra cosa es semejante negligencia del deber fundamental del pueblo, controlar a su Gobierno. Ya que hemos decidido jugar al juego de la democracia, bien estaría al menos cumplir las reglas que se nos permiten, y aprovechar las cartas que tenemos, porque cuando queramos acordar no vamos a tener ni mangas donde guardar un naipe maltrecho.
               ¿Sabéis quiénes no van a llevarse ni un aplauso? Los que protestan. Los que han logrado que la reforma educativa sea menos letal de lo que estaba planeada en un principio, los que evitaron que los recortes en las becas fuesen mayores de lo que son. También los que hacen que la gente no pierda su casa, los que paran esos desahucios muy relativamente legales, promovidos por los bancos y sus contratos leoninos. Por supuesto, los bomberos y los voluntarios que se desviven por apagar las llamas que devoran Valencia poco a poco.
               Esos no son dignos del orgullo y de los aplausos de todo el país, ¿no? Tampoco lo son los que terminan con la cara partida, impasibles, pacíficos, al final de una jornada de manifestaciones y movilizaciones. Esos a los que quizá dentro de unos años les debas tener una cama, o una comida caliente en la mesa. Pero, ¿sabes por qué? ¿Sabes por qué se lo vas a deber? Porque precisamente no se lo vas a a agradecer. Porque no hay premio suficiente para la labor que desarrollan, premio que en ningún caso buscan. Porque es su vocación y están determinados a hacerlo. Esos son los verdaderos campeones.

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