Todos los que me conocen habrán esperado esta entrada con cierta ansia. Creo que la he tocado de refilón en otros artículos, pero hoy toca su debut en toda regla. Vamos a hablar de nuestro espléndido sistema educativo.
Primero realicemos un breve análisis, lo más objetivo posible, sobre el sistema educativo español. Consta de dos etapas, llamémoslas "obligatorias" (educación primaria (la antigua EGB) y educación secundaria (ESO)), y una "post-obligatoria" (un precioso eufemismo), el bachiller. Durante la primera etapa, se introduce el uso de los recursos básicos del estudiante, las capacidades y aptitudes esenciales para desarrollar un trabajo más complejo en la siguiente etapa. Estas son el desarrollo de la capacidad de escritura, lectura y comprensión; operadores matemáticos básicos; así como unos cimientos para la educación histórica y científica.
En el siguiente nivel, hacemos cierto énfasis en el desarrollo cognitivo y en la capacidad de expresión: algunos incluso se atreven a decir que es el único objetivo de la etapa.
Finalmente, en bachiller preparamos a los alumnos para hacer una prueba que determinará su futuro durante los próximos 4 años.
Bueno, no ha sido todo lo objetiva que debiera, pero como todos los que estén en este mundillo saben, esto es harto complicado. ¿Por qué? Bueno, antes de nada (y ya empezamos con las subjetividades, mire usted qué bien), este sistema es una grandísima farsa. Tampoco es nada que los lectores de este blog desconozcan -espero-.
La educación española está -muy- a la cola, en comparación con el resto de países de la Unión Europea o del mundo. ¿Por qué? Bueno, es evidente que la sociedad tiene un papel fundamental en este teatrillo satírico que nos hemos montado a bases de reales decretos y leyes orgánicas, pero la pasividad de unos padres que no esperan que sus hijos puedan descubrir la cura contra el cáncer y una caja tonta que no deja de favorecer a la Belén Esteban o al chulo playa granhermanesco de turno, no colaboran demasiado.
España es el hazmerreír en educación porque el propio sistema es absurdo. Vayamos paso a paso.
Matemáticas. ¿Qué aptitudes puede desarrollar un alumno en nuestro estupendísimo sistema? Pues tenemos que hasta que no llega a segundo de bachillerato no aprende las matemáticas que podríamos llamar "relevantes" para cursar estudios superiores. Por no mencionar que la parte de estadística, tan sonada en toda carrera que se precie, brilla por su ausencia constante. Este gran retraso supone a su vez el detrimento de la calidad de las enseñanzas de otras asignaturas, que requieren de una base matemática que, como hemos expuesto, no existe.
Física, química, tecnología y electrotecnia. Todas estas asignaturas están enfocadas al estudio de la realidad, de la materia y de sus propiedades, así como a un posible uso provechoso de la misma para el ser humano. Verdaderamente fantástico, ¿verdad? Una auténtica pena que el estudiante de bachillerato medio no tenga ni la mitad del nivel de estas ciencias que el estudiante medio europeo. Volvemos a la carencia de bases: el no tener conocimiento suficiente sobre determinadas herramientas matemáticas se traduce en un avance errático, mal orientado, y desde luego conflictivo y difícil tanto para el alumno como para el docente.
Lengua y literatura, historia, filosofía. Sin duda asignaturas fundamentales: es esencial saber expresarse, saber de dónde vienes y saber por qué estás ahí. Pero seamos claros. La menor de las preocupaciones del estudiante de 2º de bachillerato -salvando, por supuesto, que esté en humanidades o letras- es la historia de su país o la "ciencia" que trasciende a un texto; por no mencionar la historia de la literatura. Esto está realmente bien, no me malinterpreten. Pero considero que su estudio debería de fijarse en cursos inferiores, en los que el alumno no se está preparando "en cuerpo y alma" para entrar a una carrera en la que después, y disculpen, de nuevo, la expresión, les van a dar por todas partes.
¿Inglés, francés, y el resto de lenguas? Brillan por su ausencia. Mi generación ha dado 12 años de un idioma -inglés- y posiblemente hasta 6 de otro -francés- para ser completamente incapaz de expresarse correctamente en uno o en otro. El estudio de una lengua extranjera es, completamente, la asignatura pendiente de los españoles. 'Si ya tenemos nosotros el español, que lo aprendan los demás', dicen muchos en un completo alarde de zafiedad e incultura. Claro que sí. Pues habrá que tener cuidado, a ver si no vamos a tener que aprender nosotros alemán, porque por el camino que llevamos...
Y bueno, qué decir de mi querida educación física. Una asignatura relegada a, ya no segundo plano, sino tercer plano, junto con música y artes. ¿Por qué? Es precisamente el arte lo que nos hace humanos, una de las fundamentales diferencias entre los animales y nosotros (según dicen los entendidos). Pero vayamos por partes: la educación física en su día era una asignatura muy interesante, emparentada con biología. Era en gran medida biología humana, algo realmente importante... ¿qué puede ser más importante que conocerse a uno mismo? Como decía, ha quedado relegada a ser un segundo recreo, o una asignatura fastidiosa en la que se obliga a los alumnos a hacer ejercicio. Lo cual no está mal, pero hasta determinados niveles... Llega un momento en la vida de toda persona en la que se tiene la suficiente madurez como para decidir sobre ello o no, aceptando todas las consecuencias que conlleva.
En resumidas cuentas: no solo tenemos un sistema mal enfocado (demasiado generalista en todos sus niveles, sin ningún logro académico relevante, ya que el nivel de exigencias es sumamente bajo), sino que además el planteamiento de las asignaturas generales, por curso y por nivel no tiene ningún sentido.
Y ahora os preguntaréis, ¿por qué esta crítica al sistema, tan de repente? Nunca es tarde para criticar al sistema, ¿eh? Pero bueno, la principal razón se debe a la cercanía de las pruebas de selectividad. Se trata de unas pruebas que en absoluto reflejan el nivel real de conocimiento de los alumnos, no son para nada imparciales. Condensamos 6 -o más- exámenes en 3 o 4 días, en los que los alumnos se enfrentan a un proceso que desconocen completamente, que les pone nerviosos y les hace perder toda fe en si mismos. Y por si eso no fuese suficiente, tienes el detalle de los correctores. Hombres y mujeres perfectamente capacitados, no lo pongo en duda. Lo que sí pongo en duda, y metería la mano en el fuego (qué digo la mano, me zambulliría en una piscina de lava ardiente), es su parcialidad. Donde mejor puede observarse es en los exámenes de opinión, tales como historia, filosofía o lengua. Pero en cierto modo es extensible a todas las pruebas.
Somos especialistas en copiar a otros países, tenemos la iniciativa de un ladrillo de arcilla. Los estadounidenses ponen la ESO. Nosotros la copiamos. ¡Incluso cuando sabemos que tienen planeado reformarla y eliminarla por los resultados tan negativos que ofrece! Increíble.
¿Por qué no copiamos de una vez a los que saben hacer las cosas? Bélgica, Reino Unido, Finlandia, Noruega... Son países que nos dan -y nos darán, seamos claros, no cambiaremos nunca- mil vueltas en muchos aspectos, entre ellos, educación.
Nos relegamos a la aceptación de mínimos, al aprobado raspado. Somos mediocres y no hacemos nada por remediarlo. Criminalizamos el éxito y negamos la excelencia, ya que son síntomas de disparidad. Nos interesa la homogeneidad en la población, pero siempre y cuando esta sea la homogeneidad del rebaño de ovejas y borregos. No queremos que nadie sobresalga porque puede ser un líder potencial, un líder que guíe a la gente a la cultura y al conocimiento.
Por supuesto que no queremos líderes. Ya tenemos uno, y se llama capitalismo. Dinero. Alta política, tan alta que el oxígeno no llega, y terminan haciendo las barbaridades que nos ofrecen cada día en el telediario. Todo edulcorado con mucho deporte y religión; pero a nosotros nos da igual.
Como ya dije con anterioridad, esto no es más que pan y circo para el pueblo, pero el pan ya viene escaseando.